lunes, 19 de enero de 2026

Blue Compass Day 2026

El tercer lunes de enero es considerado el día más triste del año, el llamado Blue Monday. Quizá porque se han acabado las vacaciones, porque tenemos por delante un largo trimestre o cuatrimestre, porque ya se ha disipado la ilusión del reencuentro o de la vuelta al trabajo. Tal vez por el frío, o por el poco dinero que queda tras la cuesta de enero. El Blue Monday.

En la Universidad de Navarra organizamos por segundo año el Blue Compass Day, de la mano de la Unidad de Orientación y Bienestar (COMPASS), con el objetivo de darle la vuelta a un día asociado a la tristeza y transformarlo en un espacio para compartir, una oportunidad de reflexión y crecimiento.

Este año veremos y comentaremos la película Las guerreras K-Pop (2025, Corea del Sur; animación, musical). A partir de ella, se propone dialogar sobre algunos retos muy presentes en los jóvenes de hoy y, en particular, en la vida universitaria: la presión por el éxito, la autoexigencia, la construcción de la identidad, las relaciones y el cuidado de la salud emocional.

En el coloquio participarán Raquel Cascales (Escuela de Arquitectura), Lourdes Esqueda (Facultad de Comunicación), Arturo Lecumberri (Psicólogo, COMPASS) e Ignacio Laguía (Facultad de Comunicación). Un lujo de panel para la conversación.

Hola, IA: quiero un texto para difundir una actividad de cineforum que hacemos desde la unidad de orientación y bienestar en mi universidad, vamos a ver la película las guerreras kpop, habrá un coloquio, se trata de que se pueda hablar de temas psicológicos, de bienestar, crecimiento... en la película aparecen temas como las heridas, no esconderse, aceptarse como somos, con limitaciones y sin ser perfectos, también el reconocer las heridas, y entiendo que por lo tanto el saber pedir ayuda, así como reconocer el miedo... entiendo que tiene interés porque es una producción coreana, corea del sur, el país "occidental" con mayor tasa de suicidios, con una enorme presión, expectativas, perfeccionismo, exigencia, culto de la imagen (estética, y cirugía estética), y dificultad para pedir ayuda y poca cultura de pedir ayuda

Claro, Enrique: te propongo un texto divulgativo, con un tono cercano pero con fondo psicológico y cultural, adecuado para una universidad y para una Unidad de Orientación y Bienestar

Las guerreras K-Pop, una producción surcoreana que, más allá del fenómeno musical y su estética deslumbrante, se adentra en cuestiones muy presentes en la vida de los jóvenes y en nuestra sociedad: la construcción de la identidad, la presión por mostrar una imagen impecable, el cuerpo como lugar de exigencia y control, el miedo a no estar a la altura y la dificultad para mostrarse vulnerable.

La película plantea preguntas incómodas y necesarias: ¿Quién soy frente a lo que esperan de mí? ¿Cuánto de lo que muestro —en el escenario, en las redes, en el día a día— es auténtico y cuánto es una forma de protegerme? ¿Qué precio se paga por el éxito cuando va acompañado de competencia constante, comparación y soledad? 

Aparecen también las heridas personales, el cansancio de sostener una imagen perfecta, el miedo a fallar y la tentación de esconder lo que duele. Frente a ello, la historia apunta a algo esencial: reconocer las propias limitaciones, aceptar la fragilidad y entender que pedir ayuda no es un fracaso, sino un gesto de cuidado y valentía.

El contexto cultural añade una dimensión especialmente significativa. Corea del Sur es uno de los países desarrollados con mayor tasa de suicidio, marcado por una enorme presión social, académica y laboral, un fuerte culto a la estética y una escasa cultura de pedir ayuda psicológica. El cine se convierte así en una ventana para pensar, también desde nuestra realidad, cómo nos relacionamos con la autoexigencia, el rendimiento, el cuerpo, el éxito y el bienestar emocional.

Tras la proyección, habrá un coloquio abierto, en el que podremos compartir impresiones y reflexionar juntos sobre bienestar psicológico, crecimiento personal, vulnerabilidad, autoexigencia y acompañamiento.

Una invitación a mirar, escuchar y conversar. Porque hablar de lo que duele también es una forma de cuidarse.

Vamos a ello.


Enrique Aubá, 19 de enero de 2026
Blue Monday, víspera de San Sebastián


P.S.: Lo de Corea del Sur es para estudiarlo.
Y lo de la IA también.

viernes, 9 de enero de 2026

Otros cinco ejercicios innecesarios pero convenientes

Ordeno y comparto lo que me quedó en el tintero tras escribir los cinco primeros ejercicios. Mientras que los primeros cinco podían ser básicos o esenciales, estos cinco son más complejos o sofisticados: innecesarios para sobrevivir, pero convenientes para vivir con dignidad y estilo. No es que yo los domine —ni mucho menos—, pero me consta que son verdaderos. Se realizan o con mucho esfuerzo… o disfrutando; ese es el reto.

6. MADRUGA. Dicen que es mejor y me lo creo. En cualquier caso, se trata de amanecer bien, recomponerse de la inconsciencia, recuperar la palabra y sincronizarse con el cosmos: rutinas de anclaje. Y claro que tiene energía comenzar a ser cuando todavía no se ha encendido el día: es empezar ganando en vez de arrastrándose, que también tiene su gracia cuando toca. Vale, sí, están los distintos patrones de sueño y cronotipos, y las alondras tienen una ventaja natural sobre los búhos, pero “a quien madruga, Dios le ayuda”. Madrugar requiere también ejercitarse en el apagar el día y acostarse, por lo que el ejercicio no es menor.

7. RECICLA. Recircula, comparte. Da igual si eres verde, rojo o azul: da más uso a las cosas, que circulen. Gasta si quieres para dar vida al mercado, vale, pero que no muera la segunda mano. Esto es válido también para otro tipo de consumos: vuelve a leer un libro, vuelve a ver una película, vuelve a visitar aquel rincón. Que no te coma la ansiedad de lo nuevo, que no por nuevo es bueno. Comparte lecturas que te hayan gustado y presta libros, aun a riesgo de que se pierdan o no se devuelvan; pocas cosas dan más satisfacción que compartir el disfrute y ayudar a descubrir algo bonito.

8. SIÉNTATE BIEN. No es cuestión de mera ergonomía ni de simple educación: se trata de comunicación esencial, hablamos con el cuerpo. Presta atención a tu postura; dice mucho: compostura. Y la ropa: no da igual cómo vamos vestidos, malvestidos o desvestidos; cada cosa en su momento y en su sitio, no en cualquier lugar. Sé puntual y suficientemente ordenado. Estírate, enderézate; mejor erguido, seguro, con orgullo, sin arrugarse ni ladearse. Controla tu cuerpo en el espacio compartido.

9. REGALA. Da de lo que tienes y de lo que eres, gratis, sin esperar nada a cambio. En realidad, ya has recibido primero y solo estás devolviendo, para mantener el equilibrio. Es ser existencialmente agradecido. No quieras ser siempre protagonista y quítate de en medio: haz crecer a otros, da paso. De eso trata la vida: de una lógica solidaria y sostenible, de la circulación del don. Haz voluntariado, del tipo que sea; no es una opción: el mundo es mejor cuando cuidamos unos de otros, gratis.

10. INTENTA NO HACER EL RIDÍCULO. Quizá sea discutible… o quizá no. Su contrario —«haz el ridículo»— también tiene sentido, sí, pero es en realidad un ejercicio previo, más básico: forma parte de la necesidad primaria del juego. No vivas encogido y haz payasadas, vale, pero no hagas el ridículo. O, por lo menos, intenta no hacerlo y sé consciente de cuándo lo haces. El humor y la espontaneidad dan vida; el egocentrismo, el narcisismo y el exhibicionismo son ridículos, al igual que el deseo irresponsable de olvidar quiénes somos y a quiénes nos toca sostener y dar vida.

Bueno, ya. Los primeros cinco ejercicios eran para no desintegrarse; estos cinco son para no embrutecerse. Se trata de posicionarse adecuadamente en el mundo, con uno mismo y en la propia biografía. Pero si te superan, déjalo, y a otra cosa.


Enrique Aubá, 9 de enero de 2026


viernes, 2 de enero de 2026

Cinco ejercicios para mortales del siglo XXI

No son pautas ni reglas: son solo unos ejercicios para jugar que pueden convertirse en hábitos. No son para inmortales ni para robots ni para extraterrestres impertérritos: son para mortales, para personas de carne y hueso, para hombres y mujeres con esqueleto, impulsos y hormonas.

1. LEE. La cosa es recogerse entre tanto estímulo, y leer es una buena forma de hacerlo, diría que es el hábito por excelencia para los mortales del siglo XXI. Más leer y menos audiovisuales. Con los audiovisuales vivimos y convivimos: son necesarios, fantásticos e inevitables, pero hemos de dosificar, medir, al igual que debemos hacer un poco de hueco para la lectura. Leer algo cada día, diez páginas quizá sea la cuota mínima, pero cada uno puede marcarse la suya. Leer es sosegado y ayuda a controlar los procesos mentales como no podemos hacerlo cuando nuestro cerebro se sujeta a la tiranía de los estímulos externos. Leer es pensar, leer es callar, leer es escuchar. Leer es un ejercicio que predispone al organismo para meditar y rezar.

2. CAMINA. Mueve tu cuerpo, mueve el esqueleto, el dichoso aparato locomotor. Nuestro organismo está diseñado para moverse y hoy en día es menos exigido para la supervivencia, por lo que hay que proponérselo (cosas de la homeostasis, del equilibrio psicosomático). Camina, haz estiramientos, taichí, yoga, pilates o algo así, lo que nuestros abuelos llamaban gimnasia. También vale el baile. Si quieres, corre, seguro que es buenísimo, pero la sugerencia es caminar. Y no se trata de depender de un alto nivel de ejercicio diario, que luego lo pasamos muy mal cuando no podemos, o nos rompemos por un lado o por otro.

3. JUEGA. Pierde el tiempo conscientemente y elige con qué obsesionarte. La vida en su conjunto —y cada día en concreto— está llena de momentos muertos que debemos reconocer y disfrutar, dotar de contenido y sentido. No se trata de ser eficientes las veinticuatro horas del día sino de ser globalmente eficientes, y para ser eficientes es necesario perder el tiempo, entretenernos. Podemos perderlo de manera sana o de forma tóxica y adictiva, pero de hecho lo vamos a perder, así que mejor elegir formas saludables: las que implican el uso de las manos, de la creatividad, tocar tierra, mirar a la cara. Jugar a las cartas o a juegos de mesa en el siglo XXI, por ejemplo, son actividades a proteger y fomentar. También es válido obsesionarse un poco con las aficiones, en plan friki.

4. ESCUCHA. O calla: dos caras de la misma moneda. Salvo en raras ocasiones, es más recomendable callar que hablar. Hablar menos y escuchar más, que requiere otra atención. Procurar no discutir y, en ningún caso, gritar. Cerrar la boca: emitir menos e ingerir conscientemente. Por la boca nos relacionamos con el entorno desde pequeñitos y durante toda la vida; la etapa oral es la primera, decía Freud. Con la boca comemos y satisfacemos nuestras ansias: alimentos, bebidas, tabaco, alcohol, chucherías, comida basura, drogas, vapers… No se trata solo de comer conscientemente —que, por supuesto—, sino de ser conscientes de lo que ingerimos, y quizá no hace falta tanto. Y atentos no solo a lo que emitimos e ingerimos, sino también a lo que consumimos: otra forma de oralidad.

5. SONRÍE. Puede haber muchos motivos para enfadarse —corrupción, mentira pública, enriquecimientos injustos, polarización, otros—, y quizá hasta tengamos razón; aún así, en ningún caso merece la pena estar quejándose continuamente. Ríe más y quéjate menos. Quejarse consume mucha energía, cansa, deprime y crea un ambiente desagradable y pegajoso que empequeñece. La risa hace todo más fácil y es contagiosa. Así que más sonreír, unir, ayudar, cuidar. Y dejarse cuidar: sin quejarse, sonriendo. Que a todos nos llega, y mejor haberse ejercitado un poco.

Somos criaturas distraídas, aceleradas, vulnerables. Aspiramos a vivir con intención, vivimos en el siglo XXI... pero seguimos siendo mortales.



Enrique Aubá, 2 de enero de 2026


P. S.: Si no te gustan, puedo darte otros cinco.


domingo, 7 de diciembre de 2025

Anatomía de una caída

Sucedió en una fría noche de diciembre. La noche estaba avanzada y no me dormía —cosa del cambio de presión, o de algún duende, o quizá por un virus—, por lo que decidí subir a trabajar un rato, al cuarto de estar, con batín y bien calentito, con esos calcetines de montaña de cuando iba a la montaña. Y tras un rato de desvelo productivo, decidí bajar para volver a la cama.

Bajé confiado, a oscuras, portátil en la mano izquierda, botellín de agua en la derecha, sin usar la barandilla. Y, al inicio del segundo tramo, comenzó el vuelo: el calcetín resbaló en el escalón de mármol y mi entera y no ligera corporalidad se horizontalizó y cayó a plomo, sin posibilidad de reacción. El golpe principal —punto de “apoyo”— fue en la cadera derecha, suficientemente protegida por una confortable amortiguación natural. Un golpe seco, rápido, que convirtió el caer en un seguir cayendo, un deslizarse veloz por la improvisada rampa de ocho o nueve peldaños; algo así como un descenso de body ski.

Fue muy rápido. Debieron de ser varios impactos repetidos en el mismo sitio, por lo que los sentí como uno solo. Hasta que quedé tendido en el suelo, boca arriba, en la misma postura con la que había volado, con el portátil todavía en la mano izquierda y sobre mi cuerpo, y el botellín de agua rodando y escapando. "Me cago en la puta" fue la primera letanía que vino a mi mente, y justo a la vez un "Madre mía, gracias, Dios mío", o algo así, percatado de lo nada que había sido y de lo mucho que podía haber sido. Me levanté rápido, y aquí elaboré mi primer pensamiento consciente: "Menudo tontolaba soy".

A las 48 horas, cuando pongo por escrito el relato de este breve Vuelo nocturno —como el de Saint-Exupéry—, tengo un esperable moratón en glúteo-cadera derecha, y la espalda y el hombro derecho parecen contracturados, como después de haber estado un buen rato remando en canoa para alguien que no hace ejercicio habitual. Parece que nada roto, nada grave. Lo normal habría sido romperme la cadera, el fémur, la columna, o haberme golpeado la cabeza. También me viene a la cabeza Unbreakable, de Shyamalan, por haber salido ileso de algo que, en circunstancias normales, debería haber acabado mal.

Nada. Magia: milagro de medianoche. Gratitud: gracia para el tontolaba.



Enrique Aubá, 7 de diciembre de 2025


P.S.: Es solo un relato, un ejercicio; imagina que fuera cierto…

martes, 18 de noviembre de 2025

La carretera de la discordia

Por fin he pasado por la "carretera del campus", ese nuevo eslálom de pivotes y rayas que dibujan una graciosa trayectoria. Me digo que esto no puede ser cierto, que debe de haber sido un sueño, que la próxima vez que pase seguro que me doy cuenta de que no es real... pero va a ser que sí.

No me acaba de convencer lo de que si se tardan dos o cuatro minutos en cruzar el campus, que si para ir o para volver, que si los de Cizur o los de Soto Lezkairu, que si los de la privada o los del instituto público. No se trata tampoco de si sentido este u oeste: es más bien una cuestión de sentido común y de estética, que no es poco. Es cierto que yo no conduzco a diario para ir a trabajar, pero soy un ciudadano más que disfruta del campus paseando o en bici de esas eléctricas públicas que son una maravilla, de los que disfrutan del aire, del olor, de la hierba, de los árboles, de la vista. Y es que estos palitroques de plástico verde y esas rayas de pintura blanca... duelen a la vista.

Y como tiendo a pensar bien... me tranquilizo cuando comprendo que debe de ser algo provisional: el señor alcalde mandó cerrarla, supongo que para ampliar zona verde de la que presume Pamplona, pero hubo quejas y echó para atrás. Propone entonces algo intermedio que pudiera contentar a unos y otros, y ahora son otras las quejas. Pues nos quedamos a medias y pongo unos palotes de plástico de broma, en plan tomadura de pelo sin gastar dinero, mientras nos ponemos de acuerdo, ya llegaremos a un mejor consenso.

De la carretera de la discordia al paseo de la concordia. O algo de eso.


Enrique Aubá, 9 de noviembre de 2025
"Enviado a prensa, no publicado —seguro que con buen criterio—, pero… ¿y si no escribo solo para que me publiquen? ¿O y si sí, y por eso me autopublico?", 18 de noviembre 2025

viernes, 14 de noviembre de 2025

Somatización: cuando el cuerpo habla

La somatización puede entenderse como la expresión corporal —somática— de una tensión psicológica. Ahora bien, no siempre está vinculada a un estresor externo: en ocasiones responde a una disfunción o desregulación de los propios mecanismos fisiológicos de adaptación al estrés. En cualquier caso, la somatización no implica un síntoma “inventado”: el malestar, el dolor o la disfunción son reales y tienen un correlato fisiopatológico.

La somatización es también una forma de comunicación, y cuando esa expresión se comprende y se atiende con cuidado, puede convertirse en el comienzo de una sanación más profunda.

Reportaje publicado el 2 de octubre de 2025 en Noticias CUN, revista y portal de divulgación de la Clínica Universidad de Navarra, entrevista realizada por Marilén Echapare a los psiquiatras Enrique Aubá y Azucena Díez.

https://noticias.cun.es/somos-cun/somatizacion-dolor-real

Cada mañana, Teresa se despierta con un fuerte dolor en el cuello y los hombros. Lleva más de un año conviviendo con esa molestia, como si cargara un peso invisible que ningún tratamiento consigue aliviar. Ha visitado especialistas, se ha sometido a pruebas y ha tomado medicamentos sin éxito. Los resultados siempre dicen lo mismo: nada. No existe ninguna lesión ni causa proporcional que justifique su situación. Nada, excepto una vida entera marcada por la autoexigencia, el perfeccionismo y el silencio emocional. Teresa no suele quejarse, no llora en público, no expresa enfado. Pero su cuerpo sí lo hace. Y lo hace a su manera: a través del dolor. Lo que le ocurre tiene un nombre: somatización.

“La somatización es la expresión corporal —o somática— de una tensión psicológica. Es decir, cuando aparecen síntomas físicos, como dolores o molestias corporales, relacionados con la ansiedad, el estrés, un trauma o un conflicto emocional”, explica el Dr. Enrique Aubá, especialista del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra.

Pero, ¿cómo ocurre esto? La somatización tiene una base fisiopatológica, es decir, responde a mecanismos biológicos concretos. No son los estresores en sí los que causan los síntomas, sino la manera en que el cuerpo reacciona para adaptarse. Esa reacción implica la activación de mecanismos como el sistema nervioso autónomo (encargado de funciones involuntarias como la respiración o el ritmo cardíaco), el sistema endocrino (que regula las hormonas) y el sistema inmunológico. La somatización implica una desregulación de estos sistemas, lo que da lugar a síntomas físicos reales. “Es importante recalcar que la somatización no es un síntoma imaginado. El dolor es real”, subraya el Dr. Aubá.

Niveles de profundidad

La somatización puede manifestarse en distintos niveles de profundidad, dependiendo del grado de conciencia que la persona tenga sobre el vínculo entre su malestar físico y su estado emocional:

  • Nivel superficial. La persona reconoce que su dolor o malestar corporal está relacionado con una situación de estrés, ansiedad o conflicto psicológico. Suelen coexistir síntomas de ansiedad o depresión —se trata de sentimientos vitales próximos a la corporalidad—, y el paciente es capaz de identificar que su cuerpo está reaccionando a una tensión interna.
  • Nivel profundo. Aquí el nivel de introspección es menor. La persona experimenta síntomas físicos reales —como dolores persistentes o molestias—, y no los asocia fácilmente con causas emocionales. En estos casos, no suelen aparecer síntomas claros de ansiedad o depresión.

La somatización es más común en personas con alexitimia, un fenómeno caracterizado por la dificultad para identificar y expresar las propias emociones.  

Factores que influyen en la somatización

En el caso de Teresa, el cuerpo comenzó a sanar cuando ella fue capaz de establecer un puente entre lo físico y lo emocional. El taichí, la respiración y el contacto con el agua no solo aliviaron el dolor: le ayudaron a mirar hacia dentro. En realidad, se trata de un fenómeno multifactorial, en el que influyen tanto las experiencias de vida como la personalidad y la biología de cada individuo. Existen tres grandes grupos de factores que contribuyen al desarrollo de la somatización:

  • Estrés externo. Son los factores psicosociales que presionan desde fuera: problemas laborales, crisis familiares, separaciones, pérdidas, procesos como una oposición o incluso la convivencia con hijos adolescentes. Este tipo de estrés sostenido genera una sobrecarga emocional que, cuando no encuentra salida en palabras o conductas adaptativas, puede traducirse en síntomas físicos.
  • Rasgos de personalidad y estrategias de afrontamiento. No todas las personas lidian con el estrés de la misma manera. La forma de ser —lo que en psicología se llama estructura de personalidad— influye directamente en cómo se procesa la tensión emocional. Rasgos como la rigidez, la impulsividad, la introversión o la baja capacidad de introspección pueden dificultar la gestión emocional, y, por tanto, favorecer la somatización.
  • Vulnerabilidades biológicas. Cada cuerpo tiene sus puntos débiles. Algunas personas somatizan en el estómago, otras en la cabeza, otras en la piel o el corazón. Esta susceptibilidad puede deberse a antecedentes médicos o a factores culturales, pero también a una alteración en los sistemas de regulación del estrés, ya sea por causas genéticas o por experiencias tempranas adversas, como abusos, carencias afectivas o negligencia emocional. En otras palabras: el “dónde duele” no depende tanto del tipo de estrés, sino del lugar donde cada cuerpo es más frágil.

Cuál es el tratamiento para la somatización

El tratamiento de la somatización debe abordarse de forma integral, combinando el conocimiento del fenómeno con intervenciones tanto psicológicas como físicas y, en algunos casos, farmacológicas. Estos son los pilares principales:

  • Educación sanitaria. El primer paso es comprender qué es la somatización. Saber que los síntomas físicos pueden tener una base emocional o estar relacionados con el estrés, y que no se trata de una invención ni de un engaño, ayuda a reducir el miedo y el estigma. Según indica el Dr. Aubá, “al entender en qué consiste la somatización, el paciente puede dejar de asustarse —porque es muy frecuente— y aceptarla. Si no se acepta y se vive con miedo, aumenta la tensión, no se expresa, y el malestar empeora”.
  • Tratamientos corporales. Otro tipo de tratamiento es el trabajo corporal. “El cuerpo está quejándose” y las terapias corporales son esenciales. “Estas intervenciones ayudan a reducir la tensión corporal y a mejorar la relación con el propio cuerpo”, indica el Dr. Aubá. Algunas estrategias habituales incluyen:
    • Ejercicio físico adaptado
    • Relajación y técnicas de respiración
    • Estiramientos y movilidad suave
    • Terapias con agua
    • Masajes y fisioterapia
  • Terapia psicológica o psicoterapia. Se recomienda cuando influyen rasgos de personalidad o patrones de afrontamiento poco adaptativos, para manejar cogniciones y conductas de enfermedad, así como para abordar de manera más profunda –cuando corresponde– antecedentes de vivencias traumáticas. La intervención psicológica es clave ayudar a identificar y expresar emociones y modificar patrones que favorecen la somatización. El tipo de terapia se adapta a cada persona y situación clínica.
  • Tratamiento farmacológico y dietas. En determinados casos seleccionados, y según el órgano afectado. Puede incluir:
    • Medicación específica o sintomática (analgésicos, antieméticos, espasmolíticos y    procinéticos, fármacos para la regulación vasomotora, etc.).
    • Ajustes dietéticosLa dieta puede ser una parte fundamental del tratamiento, especialmente cuando los síntomas somáticos afectan al sistema digestivo.¡
    • Con frecuencia pueden ser necesarios fármacos ansiolíticos de forma temporal o antidepresivos a dosis bajas a medio plazo, cuando hay ansiedad o depresión manifiestas, o para modulación de los sistemas de neurotransmisión.

La somatización no es una invención ni una debilidad: es una forma de comunicación. Y cuando esa comunicación se comprende y se atiende con cuidado, también puede convertirse en el comienzo de una sanación más profunda.

Un dolor real, una forma de comunicación

Durante años, la medicina ha intentado clasificar el fenómeno de la somatización dentro de los grandes manuales de diagnóstico en salud mental. Hasta hace poco, tanto la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS) como el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatría) utilizaban el término “trastornos somatomorfos” para referirse a cuadros de síntomas físicos sin causa médica identificable, pero con una posible relación con el estrés o el malestar psicológico.

Sin embargo, esta categoría ha desaparecido en las versiones más recientes. “Se consideró una clasificación incompleta, ambigua y, sobre todo, estigmatizante”. Daba la impresión de que el paciente “se inventaba” el dolor, cuando en realidad los síntomas eran —y son— reales. 

Hoy la somatización se entiende dentro de cuatro grandes grupos clínicos:

  • Trastornos de ansiedad y depresiónlos síntomas físicos (dolor, fatiga, malestar gastrointestinal, opresión torácica) acompañan a cuadros emocionales reconocibles.
  • Trastornos somatomorfos (en desuso, pero aún usados clínicamente): síntomas físicos sin base orgánica clara, ni ansiedad o depresión evidentes; se vinculan a un estrés más profundo e inconsciente.
  • Trastornos funcionalesenfermedades reales sin daño estructural, pero con alteraciones en el funcionamiento (ej. fibromialgia, síndrome de intestino irritable, fatiga crónica, dolor musculoesquelético, disfunciones temporomandibulares).
  • Enfermedades psicosomáticas: patologías con mecanismos fisiológicos conocidos donde el estrés desencadena crisis (ej. psoriasis, asma, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, úlcera gastroduodenal).

Fenómenos relacionados con la somatización

Además de la somatización, están la conversión y la disociación, que comparten un origen psicodinámico y suelen aparecer tras traumas más intensos. La somatización suele estar vinculada al estrés cotidiano, mientras que la conversión y la disociación se asocian a traumas graves (abusos sexuales, violencia extrema, conflictos vitales sin salida).

  • Conversión: síntomas neurológicos (parálisis, pérdida de sensibilidad, convulsiones) sin base orgánica, que afectan funciones motoras o sensoriales.
  • Disociación: alteraciones en funciones psíquicas superiores como identidad y memoria (amnesia, despersonalización, personalidades múltiples).

Somatización en niños y adolescentes

Es más frecuente que en adultos, sobre todo en los pequeños, porque su menor capacidad verbal hace que expresen el malestar emocional a través del cuerpo (dolores, fatiga, malestares). El temperamento influye: los niños reservados, ansiosos o tímidos somatizan más; en adolescentes aparecen perfiles perfeccionistas que justifican sus dificultades con síntomas físicos,

En casa: cada caso es distinto. Algunos síntomas son leves y compatibles con la rutina, pero en casos graves la vida familiar puede girar en torno al malestar. La comunicación con la familia debe ser respetuosa, evitando pruebas médicas innecesarias. Si se sospecha un origen psicológico, se deriva a salud mental y, solo en casos severos, se valora medicación.

Abordaje: la psicoterapia es la base, adaptada a la edad. Con los más pequeños se trabaja a través de los padres con estrategias conductuales; en cuadros más serios se suman técnicas de relajación, fisioterapia o rehabilitación. Una vez descartada causa orgánica, no conviene seguir consultando a especialistas físicos.

La “diada peligrosa”niño con tendencia a somatizar + padre ansioso. El miedo paterno amplifica el síntoma. La clave es mantener la vida normal (colegio, deporte) siempre que no haya riesgo médico, lo que ayuda a romper el círculo de la somatización.

LECTURA RECOMENDADA: "Somatizaciones en la infancia y la adolescencia". 2023. Azucena Díez y Cecilia Hernández. Dirigido a familias y a profesionales que trabajan con niños desde fuera de la salud mental (pediatras, médicos de atención primaria, profesores, orientadores, etc.).


Enrique Aubá, 14 de noviembre de 2025

jueves, 23 de octubre de 2025

Fertilidad asistida: ciencia e información

He leído "El último in vitro" (Francisco Güell, 2025). Interesante y luminosa lectura sobre la realidad de la reproducción médicamente asistida, muy informativa a la vez que, por momentos, tremenda y dura. El autor es investigador, serio divulgador y cordial activista. Abierto y dialogante, doy fe: es amigo mío.

Justificación y posición del autor, tiene conocimiento de causa: "He dirigido a un consorcio científico de diez instituciones con financiación de la Comisión Europea (1,2 millones de euros) para analizar toda la información proporcionada por las clínicas de «reproducción médicamente asistida» en España y en otros siete países europeos. El proyecto se llama «B2-InF: estar mejor informado sobre fertilidad» (del inglés Be Better Informed about Fertility, enlace web: https://b2-inf.eu/). Sabe de lo que habla.

Partiendo de que la reproducción asistida es una realidad médica y social, ampliamente extendida y demandada, este es un posible resumen del libro: las técnicas de fertilidad artificial tienen una eficacia —tasa de éxito— determinada, no absoluta, y tienen también sus efectos secundarios, claro está, como todo procedimiento médico. Sin embargo, curiosamente, no se habla de lo uno ni de lo otro.

Hago un resumen, entre esquemático e impresionista, del contenido del libro, para hacernos una idea. Fisiología de la reproducción, regulación epigenética, capacitación y maduración de los gametos. Variantes de reproducción médicamente asistida. Riesgo relativo de problemas, aumento del riesgo, progresión del daño. Defectos congénitos, prematuridad y patologías relacionadas, aumento de incidencia posterior de algunas enfermedades. La industria y el negocio, intereses, conflictos de intereses. Disonancia cognitiva, patrón sistemático de negación, silencio. Falacias epidemiológicas, publicidad engañosa, falta de información. Recomendaciones para políticos y gobiernos, para profesionales del sector y para la población general.

Tiene mucha ciencia, mucho dato, lo que hace que la lectura pueda ser algo ardua, pero es muy ordenado, está bien escrito y se sigue con interés. Tiene tres partes: primera de resumen de evidencias, una segunda de explicación de los mecanismos de silencio, y una tercera con recomendaciones, sugerencias y propuestas constructivas.

Es importante darse cuenta de que el libro no va de buenos y malos, sino de ciencia y de ignorancia. Algunos se enriquecen con el negocio, otros tienen en sus manos poder de orientar las políticas sanitarias, pero la mayoría somos sencillamente ciudadanos y ciudadanas: personas de a pie «con cara de gente», con nuestras necesidades y anhelos, que procuramos salir adelante en una vida que con frecuencia es compleja y rica en matices. Y estamos en nuestro derecho de exigir que se nos trate como a adultos. Toda la sociedad debería disponer del conocimiento que hay —que es mucho— para seguir tomando las decisiones que queremos tomar con más libertad, mejor informados.


Enrique Aubá, 23 de octubre de 2025

Blue Compass Day 2026

El tercer lunes de enero es considerado el día más triste del año, el llamado Blue Monday . Quizá porque se han acabado las vacaciones, porq...