miércoles, 4 de febrero de 2026

Mi OFF-February

OFF-February. Me ha parecido una iniciativa bonita y necesaria, y he decidido adherirme al desafío a mi manera. En realidad, de eso se trata: aunque se proponen algunas acciones o medidas concretas, cada uno puede adaptarlas a sus propios patrones de uso para convivir mejor con la tecnología.

La idea, en el fondo, es una desconexión parcial: desconectarse durante un tiempo de lo prescindible y usar mejor aquello que puede ser necesario, pero de lo que tendemos con demasiada facilidad a abusar o depender.

Hay cosas que no hago mal, y constato que siguen siendo válidas las siete reglas para usar mejor el móvil. Pero hay otras que hago francamente mal y, para mi Off-February, en concreto, me propongo lo siguiente:

  • NO REDES sociales. Desinstalo del móvil las apps y quito también los accesos directos en favoritos del navegador del ordenador. No las voy a usar en absoluto durante febrero: a mí me encaja así, que cada uno lo adapte a su manera. No hace falta eliminar las cuentas; basta con el ejercicio de desinstalarlas y no usarlas. En mi caso, elimino Instagram, Facebook y LinkedIn, que son las que realmente uso. No tengo Twitter ni TikTok, pero cada uno puede revisar lo suyo.
  • SIN AVISOS, WhatsApp silenciado. Así no reacciono automáticamente, sino que entro cuando yo quiero. Habitualmente lo tengo configurado para que me avise y vivo en modo instantáneo; ahora quiero mirarlo de forma deliberada. En el trabajo, eso sí, seguiré usando WhatsApp en el ordenador, igual que el correo electrónico: ahí lo uso como herramienta de trabajo y eso no forma parte de mi Off-February.
  • MÁS PRESENCIA. Aquí entran los encuentros familiares, las comidas, las reuniones de trabajo o, en general, cualquier momento en el que estoy con otros. Ni interrupciones de WhatsApp ni distracciones con el móvil: nada de estar pendiente de lo que llega o de lo que no llega, ya lo miraré en otro momento. Esto, sinceramente, no lo hago nada bien y quiero entrenarlo.
  • UNA COSA CADA VEZ. Tengo la manía de querer estar siempre haciendo algo y, por lo general, intentar hacer dos actividades supuestamente “productivas” a la vez; sé que así me equivoco. Alguna de esas actividades superpuestas siempre está mediada por dispositivos. Mi reto implica aprender a hacer las cosas de forma secuencial, no en paralelo, y a disfrutar de ratos haciendo nada.
  • MENOS ORDENADOR, en cualquiera de los casos. No solo delante de otros, también cuando estoy solo. No es la única manera de emplear el tiempo ni de trabajar, ni de descansar, está claro.

Ojalá se unan muchos al Off-February, y que también se sumen instituciones a esta iniciativa.


Enrique Aubá, 4 de febrero de 2026


jueves, 29 de enero de 2026

Las voces de Juana de Arco: del estereotipo al arquetipo

La niña que escuchaba voces; la joven que lideró al ejército francés en nombre de Dios para cambiar el curso de la guerra de los Cien Años; la chica que prefería vestir con ropa de chico; la mujer que murió en la hoguera acusada de brujería y herejía; la misma que, siglos después, sería proclamada modelo de santidad por la misma Iglesia que la había condenado. Mujer determinada, espiritual y mística; líder militar carismática, emblema y estandarte; poliédrica, controvertida y en gran medida desconocida. Objeto de múltiples estereotipos —la loca, la heroína, la bruja, la feminista, la santa—. Arquetipo de la mujer libre y de la libertad de conciencia.

En 2022 me interesé por Juana de Arco. Primero leí la semblanza de Mark Twain (Juana de Arco, 1896), un escéptico norteamericano fascinado por la compleja figura de la Doncella de Orleans. Después pasé a la versión de Louis de Wohl (Juana de Arco: la chica soldado, 1957), biógrafo alemán y maestro de la novela histórica católica. Terminé con Helen Castor (Juana de Arco: la historia de la Doncella de Orleans, 2021), historiadora británica contemporánea.

Tenemos la suerte de que el extenso juicio en el que Juana de Arco fue condenada a la hoguera quedó registrado por tres notarios, contrastado día a día, y se hicieron cinco copias, de las que hoy quedan tres. En ellos se recogen las preguntas sobre sus antecedentes, su motivación y, sobre todo, sus respuestas: las palabras textuales de Juana de Arco.

Me fascinó, pero no me atreví a escribir entonces; estaba inseguro. Fui recopilando notas e ideas, redactando párrafos sueltos y, con el tiempo, me he animado a ordenarlos y darles forma. Lo comparto.

Artículo publicado en Omnes:
Apartados en el artículo
  • Un icono poliédrico
  • La guerra de los Cien Años
  • La Iglesia, los papas y el cisma de Occidente
  • Voces, psicopatología y mística
  • Juana y la guerra
  • Juicio, martirio y legado espiritual
  • La voz de Juana hoy

Enrique Aubá, 29 de enero de 2026

lunes, 19 de enero de 2026

Blue Compass Day 2026

El tercer lunes de enero es considerado el día más triste del año, el llamado Blue Monday. Quizá porque se han acabado las vacaciones, porque tenemos por delante un largo trimestre o cuatrimestre, porque ya se ha disipado la ilusión del reencuentro o de la vuelta al trabajo. Tal vez por el frío, o por el poco dinero que queda tras la cuesta de enero. El Blue Monday.

En la Universidad de Navarra organizamos por segundo año el Blue Compass Day, de la mano de la Unidad de Orientación y Bienestar (COMPASS), con el objetivo de darle la vuelta a un día asociado a la tristeza y transformarlo en un espacio para compartir, una oportunidad de reflexión y crecimiento.

Este año veremos y comentaremos la película Las guerreras K-Pop (2025, Corea del Sur; animación, musical). A partir de ella, se propone dialogar sobre algunos retos muy presentes en los jóvenes de hoy y, en particular, en la vida universitaria: la presión por el éxito, la autoexigencia, la construcción de la identidad, las relaciones y el cuidado de la salud emocional.

En el coloquio participarán Raquel Cascales (Escuela de Arquitectura), Lourdes Esqueda (Facultad de Comunicación), Arturo Lecumberri (Psicólogo, COMPASS) e Ignacio Laguía (Facultad de Comunicación). Un lujo de panel para la conversación.

Hola, IA: quiero un texto para difundir una actividad de cineforum que hacemos desde la unidad de orientación y bienestar en mi universidad, vamos a ver la película las guerreras kpop, habrá un coloquio, se trata de que se pueda hablar de temas psicológicos, de bienestar, crecimiento... en la película aparecen temas como las heridas, no esconderse, aceptarse como somos, con limitaciones y sin ser perfectos, también el reconocer las heridas, y entiendo que por lo tanto el saber pedir ayuda, así como reconocer el miedo... entiendo que tiene interés porque es una producción coreana, corea del sur, el país "occidental" con mayor tasa de suicidios, con una enorme presión, expectativas, perfeccionismo, exigencia, culto de la imagen (estética, y cirugía estética), y dificultad para pedir ayuda y poca cultura de pedir ayuda

Claro, Enrique: te propongo un texto divulgativo, con un tono cercano pero con fondo psicológico y cultural, adecuado para una universidad y para una Unidad de Orientación y Bienestar

Las guerreras K-Pop, una producción surcoreana que, más allá del fenómeno musical y su estética deslumbrante, se adentra en cuestiones muy presentes en la vida de los jóvenes y en nuestra sociedad: la construcción de la identidad, la presión por mostrar una imagen impecable, el cuerpo como lugar de exigencia y control, el miedo a no estar a la altura y la dificultad para mostrarse vulnerable.

La película plantea preguntas incómodas y necesarias: ¿Quién soy frente a lo que esperan de mí? ¿Cuánto de lo que muestro —en el escenario, en las redes, en el día a día— es auténtico y cuánto es una forma de protegerme? ¿Qué precio se paga por el éxito cuando va acompañado de competencia constante, comparación y soledad? 

Aparecen también las heridas personales, el cansancio de sostener una imagen perfecta, el miedo a fallar y la tentación de esconder lo que duele. Frente a ello, la historia apunta a algo esencial: reconocer las propias limitaciones, aceptar la fragilidad y entender que pedir ayuda no es un fracaso, sino un gesto de cuidado y valentía.

El contexto cultural añade una dimensión especialmente significativa. Corea del Sur es uno de los países desarrollados con mayor tasa de suicidio, marcado por una enorme presión social, académica y laboral, un fuerte culto a la estética y una escasa cultura de pedir ayuda psicológica. El cine se convierte así en una ventana para pensar, también desde nuestra realidad, cómo nos relacionamos con la autoexigencia, el rendimiento, el cuerpo, el éxito y el bienestar emocional.

Tras la proyección, habrá un coloquio abierto, en el que podremos compartir impresiones y reflexionar juntos sobre bienestar psicológico, crecimiento personal, vulnerabilidad, autoexigencia y acompañamiento.

Una invitación a mirar, escuchar y conversar. Porque hablar de lo que duele también es una forma de cuidarse.

Vamos a ello.


Enrique Aubá, 19 de enero de 2026
Blue Monday, víspera de San Sebastián


P.S.: Lo de Corea del Sur es para estudiarlo.
Y lo de la IA también.

viernes, 9 de enero de 2026

Otros cinco ejercicios innecesarios pero convenientes

Ordeno y comparto lo que me quedó en el tintero tras escribir los cinco primeros ejercicios. Mientras que los primeros cinco podían ser básicos o esenciales, estos cinco son más complejos o sofisticados: innecesarios para sobrevivir, pero convenientes para vivir con dignidad y estilo. No es que yo los domine —ni mucho menos—, pero me consta que son verdaderos. Se realizan o con mucho esfuerzo… o disfrutando; ese es el reto.

6. MADRUGA. Dicen que es mejor y me lo creo. En cualquier caso, se trata de amanecer bien, recomponerse de la inconsciencia, recuperar la palabra y sincronizarse con el cosmos: rutinas de anclaje. Y claro que tiene energía comenzar a ser cuando todavía no se ha encendido el día: es empezar ganando en vez de arrastrándose, que también tiene su gracia cuando toca. Vale, sí, están los distintos patrones de sueño y cronotipos, y las alondras tienen una ventaja natural sobre los búhos, pero “a quien madruga, Dios le ayuda”. Madrugar requiere también ejercitarse en el apagar el día y acostarse, por lo que el ejercicio no es menor.

7. RECICLA. Recircula, comparte. Da igual si eres verde, rojo o azul: da más uso a las cosas, que circulen. Gasta si quieres para dar vida al mercado, vale, pero que no muera la segunda mano. Esto es válido también para otro tipo de consumos: vuelve a leer un libro, vuelve a ver una película, vuelve a visitar aquel rincón. Que no te coma la ansiedad de lo nuevo, que no por nuevo es bueno. Comparte lecturas que te hayan gustado y presta libros, aun a riesgo de que se pierdan o no se devuelvan; pocas cosas dan más satisfacción que compartir el disfrute y ayudar a descubrir algo bonito.

8. SIÉNTATE BIEN. No es cuestión de mera ergonomía ni de simple educación: se trata de comunicación esencial, hablamos con el cuerpo. Presta atención a tu postura; dice mucho: compostura. Y la ropa: no da igual cómo vamos vestidos, malvestidos o desvestidos; cada cosa en su momento y en su sitio, no en cualquier lugar. Sé puntual y suficientemente ordenado. Estírate, enderézate; mejor erguido, seguro, con orgullo, sin arrugarse ni ladearse. Controla tu cuerpo en el espacio compartido.

9. REGALA. Da de lo que tienes y de lo que eres, gratis, sin esperar nada a cambio. En realidad, ya has recibido primero y solo estás devolviendo, para mantener el equilibrio. Es ser existencialmente agradecido. No quieras ser siempre protagonista y quítate de en medio: haz crecer a otros, da paso. De eso trata la vida: de una lógica solidaria y sostenible, de la circulación del don. Haz voluntariado, del tipo que sea; no es una opción: el mundo es mejor cuando cuidamos unos de otros, gratis.

10. INTENTA NO HACER EL RIDÍCULO. Quizá sea discutible… o quizá no. Su contrario —«haz el ridículo»— también tiene sentido, sí, pero es en realidad un ejercicio previo, más básico: forma parte de la necesidad primaria del juego. No vivas encogido y haz payasadas, vale, pero no hagas el ridículo. O, por lo menos, intenta no hacerlo y sé consciente de cuándo lo haces. El humor y la espontaneidad dan vida; el egocentrismo, el narcisismo y el exhibicionismo son ridículos, al igual que el deseo irresponsable de olvidar quiénes somos y a quiénes nos toca sostener y dar vida.

Bueno, ya. Los primeros cinco ejercicios eran para no desintegrarse; estos cinco son para no embrutecerse. Se trata de posicionarse adecuadamente en el mundo, con uno mismo y en la propia biografía. Pero si te superan, déjalo, y a otra cosa.


Enrique Aubá, 9 de enero de 2026


viernes, 2 de enero de 2026

Cinco ejercicios para mortales del siglo XXI

No son pautas ni reglas: son solo unos ejercicios para jugar que pueden convertirse en hábitos. No son para inmortales ni para robots ni para extraterrestres impertérritos: son para mortales, para personas de carne y hueso, para hombres y mujeres con esqueleto, impulsos y hormonas.

1. LEE. La cosa es recogerse entre tanto estímulo, y leer es una buena forma de hacerlo, diría que es el hábito por excelencia para los mortales del siglo XXI. Más leer y menos audiovisuales. Con los audiovisuales vivimos y convivimos: son necesarios, fantásticos e inevitables, pero hemos de dosificar, medir, al igual que debemos hacer un poco de hueco para la lectura. Leer algo cada día, diez páginas quizá sea la cuota mínima, pero cada uno puede marcarse la suya. Leer es sosegado y ayuda a controlar los procesos mentales como no podemos hacerlo cuando nuestro cerebro se sujeta a la tiranía de los estímulos externos. Leer es pensar, leer es callar, leer es escuchar. Leer es un ejercicio que predispone al organismo para meditar y rezar.

2. CAMINA. Mueve tu cuerpo, mueve el esqueleto, el dichoso aparato locomotor. Nuestro organismo está diseñado para moverse y hoy en día es menos exigido para la supervivencia, por lo que hay que proponérselo (cosas de la homeostasis, del equilibrio psicosomático). Camina, haz estiramientos, taichí, yoga, pilates o algo así, lo que nuestros abuelos llamaban gimnasia. También vale el baile. Si quieres, corre, seguro que es buenísimo, pero la sugerencia es caminar. Y no se trata de depender de un alto nivel de ejercicio diario, que luego lo pasamos muy mal cuando no podemos, o nos rompemos por un lado o por otro.

3. JUEGA. Pierde el tiempo conscientemente y elige con qué obsesionarte. La vida en su conjunto —y cada día en concreto— está llena de momentos muertos que debemos reconocer y disfrutar, dotar de contenido y sentido. No se trata de ser eficientes las veinticuatro horas del día sino de ser globalmente eficientes, y para ser eficientes es necesario perder el tiempo, entretenernos. Podemos perderlo de manera sana o de forma tóxica y adictiva, pero de hecho lo vamos a perder, así que mejor elegir formas saludables: las que implican el uso de las manos, de la creatividad, tocar tierra, mirar a la cara. Jugar a las cartas o a juegos de mesa en el siglo XXI, por ejemplo, son actividades a proteger y fomentar. También es válido obsesionarse un poco con las aficiones, en plan friki.

4. ESCUCHA. O calla: dos caras de la misma moneda. Salvo en raras ocasiones, es más recomendable callar que hablar. Hablar menos y escuchar más, que requiere otra atención. Procurar no discutir y, en ningún caso, gritar. Cerrar la boca: emitir menos e ingerir conscientemente. Por la boca nos relacionamos con el entorno desde pequeñitos y durante toda la vida; la etapa oral es la primera, decía Freud. Con la boca comemos y satisfacemos nuestras ansias: alimentos, bebidas, tabaco, alcohol, chucherías, comida basura, drogas, vapers… No se trata solo de comer conscientemente —que, por supuesto—, sino de ser conscientes de lo que ingerimos, y quizá no hace falta tanto. Y atentos no solo a lo que emitimos e ingerimos, sino también a lo que consumimos: otra forma de oralidad.

5. SONRÍE. Puede haber muchos motivos para enfadarse —corrupción, mentira pública, enriquecimientos injustos, polarización, otros—, y quizá hasta tengamos razón; aún así, en ningún caso merece la pena estar quejándose continuamente. Ríe más y quéjate menos. Quejarse consume mucha energía, cansa, deprime y crea un ambiente desagradable y pegajoso que empequeñece. La risa hace todo más fácil y es contagiosa. Así que más sonreír, unir, ayudar, cuidar. Y dejarse cuidar: sin quejarse, sonriendo. Que a todos nos llega, y mejor haberse ejercitado un poco.

Somos criaturas distraídas, aceleradas, vulnerables. Aspiramos a vivir con intención, vivimos en el siglo XXI... pero seguimos siendo mortales.



Enrique Aubá, 2 de enero de 2026


P. S.: Si no te gustan, puedo darte otros cinco.


domingo, 7 de diciembre de 2025

Anatomía de una caída

Sucedió en una fría noche de diciembre. La noche estaba avanzada y no me dormía —cosa del cambio de presión, o de algún duende, o quizá por un virus—, por lo que decidí subir a trabajar un rato, al cuarto de estar, con batín y bien calentito, con esos calcetines de montaña de cuando iba a la montaña. Y tras un rato de desvelo productivo, decidí bajar para volver a la cama.

Bajé confiado, a oscuras, portátil en la mano izquierda, botellín de agua en la derecha, sin usar la barandilla. Y, al inicio del segundo tramo, comenzó el vuelo: el calcetín resbaló en el escalón de mármol y mi entera y no ligera corporalidad se horizontalizó y cayó a plomo, sin posibilidad de reacción. El golpe principal —punto de “apoyo”— fue en la cadera derecha, suficientemente protegida por una confortable amortiguación natural. Un golpe seco, rápido, que convirtió el caer en un seguir cayendo, un deslizarse veloz por la improvisada rampa de ocho o nueve peldaños; algo así como un descenso de body ski.

Fue muy rápido. Debieron de ser varios impactos repetidos en el mismo sitio, por lo que los sentí como uno solo. Hasta que quedé tendido en el suelo, boca arriba, en la misma postura con la que había volado, con el portátil todavía en la mano izquierda y sobre mi cuerpo, y el botellín de agua rodando y escapando. "Me cago en la puta" fue la primera letanía que vino a mi mente, y justo a la vez un "Madre mía, gracias, Dios mío", o algo así, percatado de lo nada que había sido y de lo mucho que podía haber sido. Me levanté rápido, y aquí elaboré mi primer pensamiento consciente: "Menudo tontolaba soy".

A las 48 horas, cuando pongo por escrito el relato de este breve Vuelo nocturno —como el de Saint-Exupéry—, tengo un esperable moratón en glúteo-cadera derecha, y la espalda y el hombro derecho parecen contracturados, como después de haber estado un buen rato remando en canoa para alguien que no hace ejercicio habitual. Parece que nada roto, nada grave. Lo normal habría sido romperme la cadera, el fémur, la columna, o haberme golpeado la cabeza. También me viene a la cabeza Unbreakable, de Shyamalan, por haber salido ileso de algo que, en circunstancias normales, debería haber acabado mal.

Nada. Magia: milagro de medianoche. Gratitud: gracia para el tontolaba.



Enrique Aubá, 7 de diciembre de 2025


P.S.: Es solo un relato, un ejercicio; imagina que fuera cierto…

martes, 18 de noviembre de 2025

La carretera de la discordia

Por fin he pasado por la "carretera del campus", ese nuevo eslálom de pivotes y rayas que dibujan una graciosa trayectoria. Me digo que esto no puede ser cierto, que debe de haber sido un sueño, que la próxima vez que pase seguro que me doy cuenta de que no es real... pero va a ser que sí.

No me acaba de convencer lo de que si se tardan dos o cuatro minutos en cruzar el campus, que si para ir o para volver, que si los de Cizur o los de Soto Lezkairu, que si los de la privada o los del instituto público. No se trata tampoco de si sentido este u oeste: es más bien una cuestión de sentido común y de estética, que no es poco. Es cierto que yo no conduzco a diario para ir a trabajar, pero soy un ciudadano más que disfruta del campus paseando o en bici de esas eléctricas públicas que son una maravilla, de los que disfrutan del aire, del olor, de la hierba, de los árboles, de la vista. Y es que estos palitroques de plástico verde y esas rayas de pintura blanca... duelen a la vista.

Y como tiendo a pensar bien... me tranquilizo cuando comprendo que debe de ser algo provisional: el señor alcalde mandó cerrarla, supongo que para ampliar zona verde de la que presume Pamplona, pero hubo quejas y echó para atrás. Propone entonces algo intermedio que pudiera contentar a unos y otros, y ahora son otras las quejas. Pues nos quedamos a medias y pongo unos palotes de plástico de broma, en plan tomadura de pelo sin gastar dinero, mientras nos ponemos de acuerdo, ya llegaremos a un mejor consenso.

De la carretera de la discordia al paseo de la concordia. O algo de eso.


Enrique Aubá, 9 de noviembre de 2025
"Enviado a prensa, no publicado —seguro que con buen criterio—, pero… ¿y si no escribo solo para que me publiquen? ¿O y si sí, y por eso me autopublico?", 18 de noviembre 2025

Mi OFF-February

OFF-February . Me ha parecido una iniciativa bonita y necesaria, y he decidido adherirme al desafío a mi manera. En realidad, de eso se trat...