viernes, 9 de enero de 2026

Otros cinco ejercicios innecesarios pero convenientes

Ordeno y comparto lo que me quedó en el tintero tras escribir los cinco primeros ejercicios. Mientras que los primeros cinco podían ser básicos o esenciales, estos cinco son más complejos o sofisticados: innecesarios para sobrevivir, pero convenientes para vivir con dignidad y estilo. No es que yo los domine —ni mucho menos—, pero me consta que son verdaderos. Se realizan o con mucho esfuerzo… o disfrutando; ese es el reto.

6. MADRUGA. Dicen que es mejor y me lo creo. En cualquier caso, se trata de amanecer bien, recomponerse de la inconsciencia, recuperar la palabra y sincronizarse con el cosmos: rutinas de anclaje. Y claro que tiene energía comenzar a ser cuando todavía no se ha encendido el día: es empezar ganando en vez de arrastrándose, que también tiene su gracia cuando toca. Vale, sí, están los distintos patrones de sueño y cronotipos, y las alondras tienen una ventaja natural sobre los búhos, pero “a quien madruga, Dios le ayuda”. Madrugar requiere también ejercitarse en el apagar el día y acostarse, por lo que el ejercicio no es menor.

7. RECICLA. Recircula, comparte. Da igual si eres verde, rojo o azul: da más uso a las cosas, que circulen. Gasta si quieres para dar vida al mercado, vale, pero que no muera la segunda mano. Esto es válido también para otro tipo de consumos: vuelve a leer un libro, vuelve a ver una película, vuelve a visitar aquel rincón. Que no te coma la ansiedad de lo nuevo, que no por nuevo es bueno. Comparte lecturas que te hayan gustado y presta libros, aun a riesgo de que se pierdan o no se devuelvan; pocas cosas dan más satisfacción que compartir el disfrute y ayudar a descubrir algo bonito.

8. SIÉNTATE BIEN. No es cuestión de mera ergonomía ni de simple educación: se trata de comunicación esencial, hablamos con el cuerpo. Presta atención a tu postura; dice mucho: compostura. Y la ropa: no da igual cómo vamos vestidos, malvestidos o desvestidos; cada cosa en su momento y en su sitio, no en cualquier lugar. Sé puntual y suficientemente ordenado. Estírate, enderézate; mejor erguido, seguro, con orgullo, sin arrugarse ni ladearse. Controla tu cuerpo en el espacio compartido.

9. REGALA. Da de lo que tienes y de lo que eres, gratis, sin esperar nada a cambio. En realidad, ya has recibido primero y solo estás devolviendo, para mantener el equilibrio. Es ser existencialmente agradecido. No quieras ser siempre protagonista y quítate de en medio: haz crecer a otros, da paso. De eso trata la vida: de una lógica solidaria y sostenible, de la circulación del don. Haz voluntariado, del tipo que sea; no es una opción: el mundo es mejor cuando cuidamos unos de otros, gratis.

10. INTENTA NO HACER EL RIDÍCULO. Quizá sea discutible… o quizá no. Su contrario —«haz el ridículo»— también tiene sentido, sí, pero es en realidad un ejercicio previo, más básico: forma parte de la necesidad primaria del juego. No vivas encogido y haz payasadas, vale, pero no hagas el ridículo. O, por lo menos, intenta no hacerlo y sé consciente de cuándo lo haces. El humor y la espontaneidad dan vida; el egocentrismo, el narcisismo y el exhibicionismo son ridículos, al igual que el deseo irresponsable de olvidar quiénes somos y a quiénes nos toca sostener y dar vida.

Bueno, ya. Los primeros cinco ejercicios eran para no desintegrarse; estos cinco son para no embrutecerse. Se trata de posicionarse adecuadamente en el mundo, con uno mismo y en la propia biografía. Pero si te superan, déjalo, y a otra cosa.


Enrique Aubá, 9 de enero de 2026


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