sábado, 14 de febrero de 2026

Corazón tan blanco (Javier Marías, 1991)

“Corazón tan blanco” (Javier Marías, 1991).

"No he querido saber, pero he sabido"

Él, casi sin nombre, está casado con ella. Al casarse, la vida cambia por completo. En principio ya no debería haber secretos: no habría privacidad, ni intimidad no compartida, ni nada que quedara fuera del territorio común de la almohada. Pero ¿es realmente posible? ¿Es de verdad exigible? ¿Es sostenible? Él es traductor, como ella, intérprete: escucha y traduce, vive de oír palabras ajenas y trasladarlas. Oye incluso cuando no quiere oír, y escuchar es saber. Viendo y oyendo a unos amantes, imagina y completa lo que no ve. Conoce la historia de sus padres y descubre que toda vida anterior al matrimonio encierra zonas inaccesibles, quizá secretos; no es fácil saber quién fue el otro antes de ser “nosotros”. También él conserva su espacio ambiguo: amistad, complicidad, intimidad… ¿infidelidad? La existencia previa no desaparece al casarse; queda suspendida, pero no anulada. Tal vez, cuando queremos no tener secretos, no es posible prescindir de ellos; y cuando los tenemos, tampoco resulta posible mantenerlos intactos para siempre.

 "Todo es contable, hasta lo que uno no quiere saber y no pregunta, y sin embargo se dice y uno lo escucha."


Enrique Aubá, 12 de febrero de 2026
Desde el ocaso, espacio de lectura compartida


"No es solamente que los hijos tarden mucho en interesarse por quiénes fueron sus padres antes de conocerlos (por lo general ese interés se produce cuando esos hijos se acercan a la edad que tenían los padres cuando en efecto los conocieron, o cuando a su vez tienen hijos y entonces se recuerdan de niños a través de ellos y se preguntan perplejos por las tutelares figuras con que ahora se corresponden), sino que los padres se acostumbran a no despertar curiosidad alguna y a callar sobre sí mismos ante sus vástagos, a silenciar quiénes fueron o acaso lo olvidan. Casi todo el mundo se avergüenza de su juventud, no es muy cierto que se añore como se dice, más bien se relega o rehúye y con facilidad o esfuerzo se confina el origen a la esfera de los malos sueños, o de las novelas, o de lo que no ha existido. La juventud se oculta, la juventud es secreta para quienes ya no nos conocen jóvenes." 

"La verdadera unidad de los matrimonios y aun de las parejas la traen las palabras, más que las palabras dichas —dichas voluntariamente—, las palabras que no se callan —que no se callan sin que nuestra voluntad intervenga—. No es tanto que entre dos personas que comparten la almohada no haya secretos porque así lo deciden —qué es lo bastante grave para constituir un secreto y qué no, si se lo silencia— cuanto que no es posible dejar de contar, y de relatar, y de comentar y enunciar, como si esa fuera la actividad primordial de los emparejados, al menos de los que son recientes y aún no sienten la pereza del habla (...) No es tampoco que se establezca un sistema de interrogatorio diario al que por cansancio o rutina ningún cónyuge escapa y acaban todos contestando. Es más bien que estar junto a alguien consiste en buena medida en pensar en voz alta, esto es, en pensarlo todo dos veces en lugar de una, una con el pensamiento y otra con el relato, el matrimonio es una institución narrativa (...) La fuerza del territorio que delimita la almohada es tanta que excluye de su seno cuanto no está en ella, y es un territorio que por su propia naturaleza no permite que nada esté en ella excepto los cónyuges, o los amantes, que en cierto sentido se quedan solos y por eso se hablan y nada callan, involuntariamente."


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