sábado, 27 de junio de 2026

Los incomprendidos (Pedro Simón, 2022)

Segunda novela de Pedro Simón, después de Los ingratos (2021), y antes de Los siguientes (2024) y Lo inesperado (2026). A mí, esta es la que más me ha gustado de las cuatro, todas ellas centradas en las relaciones familiares, el ciclo vital, generaciones y nostalgia. Los incomprendidos trata sobre la adolescencia, la incomunicación y la incomprensión. Parte de una situación aparentemente cotidiana, con la que cualquier familia puede sintonizar, y a partir de ahí construye un relato interesante y bien articulado, con cambios de perspectiva, emociones contenidas, juegos de culpa, silencios, pérdidas, heridas y reconciliaciones. Todo ello con un estilo sencillo y humano, que ayuda a comprender un poco mejor tanto a los hijos como a los padres.

“Lo malo es que soy un círculo… Pienso en mis curvas, en por qué unos nacen cuadrados y otros nacemos círculos. Pienso que si Dios no es más que un profesor de geometría, entonces tendría que ser un poco menos despistado el tío cuando coge la varita y se pone a formar las familias”. 

“Qué pasada no crecer, pienso a veces. Quedamos los cuatro en torno a aquel tablero de los sábados con un bol de palomitas… A los ocho años quieres no salir de allí. A los doce o así tu propio cuerpo te derrama al mundo igual que el caramelo líquido. A los trece te salen granos en la nariz o en la frente, tienes un pelo que no te gusta: las que lo tienen rizado lo quieren tener liso, las que lo tenemos liso lo queremos tener rizado. Estás alejada todo el día con el móvil con catorce. Las caderas se empiezan a expandir como si te metieras cosas en los bolsillos. No tienes tetas o tienes demasiadas…”.

“No hace falta que tu padre te maltrate (es un suponer), ni que te deje el novio (no tengo), no que se rían de ti en el instituto porque seas gorda o ridícula (no es así), no hace falta nada de eso para que a veces te sientas en el infierno. Es suficiente con que te imagines a los otros mucho mejor que tú, con que te los imagines felices y guapos y durmiendo bien y bailando y sin el nudo que sientes dentro…”. 

“Las madres viven con el flemón de la culpa. Las madres casi siempre más que los padres. Culpa de parirlos o de no parirlos. De no haberlos estimulado lo suficiente ya en el embarazo, o de haberlos estimulado demasiado. De darles el biberón en vez del pecho. Culpa de pasarte o de no llegar, de castigarles o de no hacerlo. Culpa de estar trabajando tantas horas o de que vean que su madre ha claudicado al fin en el mundo laboral reduciendo su jornada. Culpa de que el hijo sienta culpa o de que casi nunca la sienta. Culpa de dejarles hecha la comida (para que tengan más tiempo para el estudio) o de no hacérsela (para que aprendan)”,

“¿Pero quién comprende a los que tienen que tratar de comprender a los demás?”.

Y, además de estas descripciones de vivencias con las que todos podemos identificarnos, Pedro Simón nos regala una historia que sostiene y da sentido a todo lo anterior: dura, bonita, dolorosa y luminosa. Adopción y muerte, abusos y trauma, carencia afectiva y construcción de la personalidad, culpa y perdón, distancia y reencuentro, gratitud y amor.


Enrique Aubá, 27 de junio de 2026
Desde el ocaso, espacio de lectura compartida


Ya he leído también Los siguientes (a mí me dice menos, aunque sin duda dice) y Lo inesperado (a mí me sobra).

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