jueves, 21 de mayo de 2026

Los ingratos (Pedro Simón, 2021)

Escrita desde la mirada de la infancia, y desde aquella infancia española de los años setenta y ochenta, Los ingratos es una novela sobre la memoria, el desarraigo y el agradecimiento tardío hacia quienes nos sostuvieron sin pedir nada a cambio. Esa mezcla de ternura y culpa con la que muchos adultos miran hoy a quienes les cuidaron en silencio.

Nostalgia
“El ultramarinos era un tendero de colores. El rojo de los pimientos colgados a secar. El añil de las cajas ordenadas. El verde de los bidones de aceitunas. Pero también era un inventario de olores. A especias, a ahumados, a pan recién hecho, a aceite, a escabeche, a humedad. Ahora sé que más que el olor del ultramarinos, me terminó gustando el recuerdo de su olor. Cerrar los ojos e imaginarme allí dentro. Un lugar seguro en la infancia. Pero también una puerta a otro mundo”. 

Homenaje
“Éramos los hijos de los que se fueron o de los que se estaban yendo. O de los que soñaban con hacerlo… Los hijos de esa clase media, intercambiable, corriente, emprendedora a su manera”.

“Veníamos de la España que escuchaba un serial radiofónico. Íbamos hacia esa España que se sentaba a mirar una pantalla. Todavía una sola pantalla. Todavía juntos”. 

El pueblo
“Si te vas de ese lugar que acabas de conquistar, si abandonas esa patria con unas fronteras que has pintado tú a mano, digo, entonces estás perdido. Fue justo en aquellos años”. 

La ciudad

“Si hay algo que cambió desde el primer momento fue la luz.

En el pueblo estaban los cielos con la espuma de afeitar en las nubes, aquel horizonte que se ponía del color de la arcilla, las paredes de cal que te hacían cerrar los ojos, el morado del azafrán compitiendo con el rojo de las amapolas.

En la ciudad estaban el gotelé blanco, el cemento, el ladrillo y el reflejo mortecino del televisor”. 


Ingratitud

“Los padres te llevan como si fueras parte de ellos mismos. Te dicen que todo es por ti, hijo. que todo lo que hacen es por ti. Y te cortan por la raíz lo mismo que un bonsáis. Por eso creces mal. Y luego te llenas de bichos”. 


El que no podía faltar

“Mi tío Jorge, que vivía en Madrid, era testigo de Jehová y esquizofrénico”.


Gratitud

“Donde antes había una banco en la plaza, ahora hay un quiosco como los que entonces solo podías ver en la ciudad. En la portada de una revista anuncian un reportaje sobre las “mujeres urbanas que rompen moldes”, eso pone. No sé tú, Eme, pero yo siempre me pregunto por qué nadie escribe de las rurales que os dedicasteis a pegar los pedazos”. 




Enrique Aubá, 21 de mayo de 2026

Desde el ocaso, espacio de lectura compartida


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